Nadie (2021)

Soy chulo. Porque yo lo valgo.

Del productor, director, guionista o de los creadores de… nunca ha sido un reclamo publicitario para mí a la hora de ver un cartel. Normalmente lo asocio a un panfleto para vender un producto de menos calidad, pero hay excepciones, como en el caso de Nadie.

30 de abril en cines, del guionista de John Wick, con un eslogan a modo de: “Nunca subestimes a nadie”, y con una carátula que bien recuerda a la segunda entrega de la saga de Reeves, es el anzuelo perfecto para cualquier amante del género de la acción.

Como estrella principal tenemos a Bob Odenkirk, un actor que nunca me hubiera imaginado en un rol de este tipo. Reparte, recibe y cumple. ¿Puede un intérprete casi con 60 años convertirse en estrella de acción de la noche a la mañana? La respuesta es un claro y absoluto sí, y más cuando el propio Odenkirk es el que hace prácticamente todas las escenas de acción sin usar apenas actores dobles. Lo consiguió entrenando duro durante un largo periodo de dos años.

En la dirección tenemos a un jovencísimo Ilsa Naishuller, director, actor y productor, que ya sorprendió a muchos con Hardcore Henry, un filme a modo de shooter en primera persona y que espero verlo al mando de muchas más producciones. Como acompañantes destaca Connie Nielsen (Gladiador, Wonder Woman). Ver al veterano Christopher Lloyd, actor por el que sobran las presentaciones, me sacó una gran sonrisa cuando apareció en pantalla. Michael Ironsinde (El malo de los 80/90’s) también tiene un pequeño papel, y el rapero RZA cumple en su parte final.

El filme va directo al grano. En su presentación nos muestra la típica vida americana que nos han intentado vender en infinidades de películas, con un protagonista llamado Hutch Mansell, con un nombre, aspecto y altura normal, de mediana edad, quemado de la vida, que recuerda muchísimo en sus primeros minutos a Kevin Spacey en American Beauty, con día a día aburrido, predecible y totalmente cíclico, pero transcurridos unos minutos todo cambia y se vuelve un poco más oscuro.

Sin contar ningún tipo de spoiler, la explosión y cambio de actitud lo vemos reflejado en la escena que ya pudimos ver en los spots y en el tráiler. Me refiero a la parte del autobús. Aunque sea el guionista de John Wick, no es John Wick. Keanu Reeves va en modo god, con la armadura a tope y con infinite ammo. La saga de Chad Stahelski me parece una obra de arte y es de mis favoritas, pero aquí el director ha querido darle un toque más “real”. Dentro de la ficción, todo es más lento, más pausado, pero sigue siendo dinámica. En las coreografías vemos a los actores cansarse, sudar, jadear, con movimientos cada vez más lentos en las peleas, lo más “real” posible. No faltará la sangre ni el plomo. El body count es muy alto, con todo tipo de muertes y fatalities que van desde cuchilladas, headshots y explosiones que se agradecen bastante. El humor también estará presente en algunas escenas dándole un toque sinvergüenza.

El único «pero» que le puedo poner a la película es que considero que debería de haber sido más oscura. Ante todo, es una opinión personal, pero veo una decadencia en la acción conforme a las escenas con más color. Las partes oscuras y frías son mucho mejores, más trabajadas, y el final es mucho más cálido, más familiar, más colorido, y ahí es donde creo que peca.

En líneas generales es muy recomendable, y sobre todo, una gran sorpresa, un peliculón. Sé que va a ser prácticamente imposible, pero ver a John Wick con el señor Hutch Mansell en pantalla tiene que ser espectacular. Soñar es gratis.